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29 de septiembre de 2024

EL BUEN JUICIO (DON DE CONSEJO) PERFECCIONA NUESTRA ALMA


“Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo [saludables, útiles]”
Tobías 4:18

“El ejército en el frente sirve de poco si no hay asesores adecuados en la retaguardia”
Cicerón

“Al hombre le parecen rectos todos sus caminos, pero es Dios quien juzga los corazones”
Proverbios 21:2

“Pidamos consejo los dos (2), no el de un sabio, sino el de la Sabiduría misma. Quien quiere recibir un consejo, quiere recibir algo que le es provechoso a él, y quien da el consejo mira por el bien del otro”.
San Agustín, Sermón 60 y 389

Mario Felipe Daza Pérez

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El Don del Consejo (en hebrero, “etzah”, en griego “symboulía”, en latín “consilium”) puede considerarse como la gracia que entrega el Espíritu Santo naturalmente al ser humano, al nacer (aún sin explotar) pero también sobrenatural (visto como hábito), elemento final de los llamados dones sapienciales. Puede existir cierta confusión con otros términos, como lo puede ser el concepto de exhortación, recomendación, que de por sí va ligada más que todo a la experiencia humana, como a la sabiduría desde lo terreno, a su vez intrincada con la prudencia como virtud cardinal, no directamente a lo divino, cuyo aconsejar se torna distinto, (véase, el capítulo 9 del libro de Proverbios), pensemos en el Arcángel Rafael cuando guio (asesoró) al joven Tobías, en su camino.

Se debe destacar que no todo consejo humano es bueno, en cambio todo consejo divino devenido del Espíritu Santo, siempre lo es, debido a que no está corrompido por el espíritu del hombre, recordemos que nuestros primeros padres terrenales fueron seducidos, aconsejados por el maligno, por ello es que con estos bellacos nunca se debe dialogar, Adán y Eva fueron atraídos por el consejo concerniente a los vicios, en especial de la ambición, codicia-avaricia (asesorados), lo mismo hizo el Diablo para con Jesús, en el Desierto, invitando a la injusticia, a la desobediencia, de este modo podemos decir que las tentaciones son sugerencias, o consejos malos, ya decía Sófocles, “No hay peor enemigo que los malos consejos”, que nos hacen los enemigos del alma, para perdernos, y Aulio Gelio indica que “Los malos consejos perjudican sobre todo al asesor”.

Indistintamente de la exhortación ya sea del hombre, de los demonios o del consejo divino, puede existir algunos puntos en el que convergen frente a una circunstancias los buenos consejos, como la que se predica a partir del perdón, la reconciliación, el obrar bien, que son connaturales al ser humano, y por tanto de beneficio, utilidad, saludables, sea como vengan, de la caridad, del amor, de la misericordia, del cual no tiene precio, pero si riqueza eterna, siendo para todo esto ayuda en todos los frentes, decía Pitágoras, no hablen de cosas sabias [abstractas] a la gente vana, y Tales de Mileto, toma para ti los consejos que les da a otros, puesto que no tiene sentido decirlos si tu no los aplicas para tu vida.

Mientras que los consejos humanos, pueden ser positivos, negativos, correctos e incorrectos, buenos o malos, etc, el consejo divino siempre es útil, saludable, porque se trata de una prédica misma (infusa o racional allegada la psyche o por medio de otros) del Espíritu Santo, en cuanto a lo que son nuestras preferencias temporales relacionado a las acciones espirituales y humanas, lo que implica que su mensaje es bidireccional, es una iluminación que se refleja en el entendimiento como respuesta a las dudas, preguntas, respuestas, dirección, operaciones…, que tengamos, por ello que este don se refleje como una gracia sapiencial porque perfecciona en ellas la prudencia como resultado de la inteligencia, el conocimiento y la sabiduría, bajo el santo temor de Dios, escogiendo la respuesta ideal en las acciones y las palabras, en el modo/lugar/circunstancias: cómo, cuándo, y el que.

Según Luis Maria Martínez, Arzobispo Primado, en su libro los “Dones del Espíritu Santo”, (p. 84) nos dice que el Don del Consejo es pura “prudencia divina” porque viene comunicada por un ser superior, el Paráclito no da un consejo cualquiera propio del raciocinio humano, no es pasajero, sino celestial, de allí que la virtud de la prudencia se incline en esta última, porque está sustentada en el Logos, en la mera esencia sobrenatural, es un acto de habla con el pensamiento divino, que nos dice que debemos hacer nosotros principalmente, pero también reservados a otros, son decisiones sabias, rápidas, eficaces, que no sigue la razón efímera, sino la divina, esto implica que cuando el espíritu te mande hacer algo, eso es consejo, por ejemplo, cantar, alabar, evangelizar, pero para ello debes conocer de este lenguaje, porque puede estar equivocándote, debido a que como don natural se da según la condición/capacidad de que cada sujeto (gradual).

Este tipo de consejo es difícil de conseguir “cuncta res difficiles", ya que se mira como un hábito, e inclusive en el humano bien dado (saludable), además de que se trata de una responsabilidad, ya decía Tácito: “Todo el mundo da consejos con facilidad, pero pocos se responsabilizan de ellos”, todo esto puede depender del hilo de la acción de otro, o de ti mismo, porque no solo es conocer la voluntad de Dios, sino seguirla, (porque no te obliga) cagar o no la cruz, es ir por ese camino que te ha sugerido, se justifica de un resultado final de todos los dones recibidos, sobre todo los sapienciales, como si de prueba se tratara, es el circuito de la estructura, del cual en todo caso nos lleva a Dios, cuyo intermediario virtuosamente es la prudencia (virtud reguladora) no sólo en cuanto a lo divino, sino también para las cosas del mundo, lo cual implica en si, su uso sabiduría en todas sus formas, porque es dejarse llevar por Él, según las operaciones divinas del Espíritu Santo.

Compartimos ahora una oración para pedir el Don de Consejo al Santo Espíritu:

“Espíritu Santo, guíame e instrúyeme en lo que sea virtuoso, acrecienta en mí el Espíritu de Consejo a fin de que yo viva de acuerdo a tus operaciones y voluntades divinas, ayúdame a discernir lo correcto de lo correcto, lo moral de lo inmoral, lo bueno de lo malo: ilumina mi corazón, mente, y alma, aparte de mi la duda, los errores, y lleva mis pensamientos y acciones hacia tu luz, no permitas que mi voluntad se aleje de la tuya”.

Compartimos también dos jaculatorias para pedir el Don de Consejo al Santo Espíritu:

“¡Espíritu Santo, ilumíname y aconséjame, instruye mi voluntad!”

“¡Espíritu del Consejo, ilumíname!” (forma más breve)

Todo consejo divino puede contener una exhortación (como la que nos hace el Papa Juan Pablo II en "Redemptionis Donum", o la primera de todas ellas hecha en la Iglesia Católica, por Pio X, llamada "Haerent Animo"), dicha recomendación no necesariamente viene agarrada de la mano con gracia ni siquiera en las encíclicas puede que lo haya (inexorablemente o no), en todo caso, todo consejo divino lleva el don de aconsejar, en cambio, el que viene del hombre está llamado a comunicar opiniones según el nivel de experiencia que tenga o haya tenido en su vida, seguido de facultades racionales, estudios, habilidades duras/blandas, y demás entornos (ambientes, epigenética, etc), en todo caso será especializada según la situación específica, ya sea personal, profesional, técnica, institucional, piénsese en la sugerencia que hace el director de tesis sobre tu investigación, la consulta respondida como abogado, o la respuesta a la petición en cierta entidad, el asesoramiento en estos casos puede que no sea vinculante, y si lo es, no tiene el toque si o si divino, ya que se trata sobre un acto de habla según lo que nos expresa la filosofía del lenguaje.

Por lo general solemos recurrir a los más antiguos, ancianos (Staretz, Elder, Geronta, Abad, etc), padre de familia, al líder de tal grupo para pedir consejo, pero puede que se equivoque, incluso dentro de la misma Iglesia, puede ocurrir, no pasa lo mismo cuando dentro del sacramento de la confesión, el confesor siempre iluminado del Espíritu Santo te sugiera hacer ciertas penitencias, enmendar tales errores, porque dicha facultad viene de Cristo mismo no de él, el problema está cuando se sale de su ropaje o se desvía hacia lo mundano, por ello es que el Don de Consejo sea difícil de obtener, mantener y de habituar como práctica constante, porque no siempre es permanente, la ayuda divina necesita de tu esfuerzo, porque viene de lo alto, es decir, para esto es necesario la oración frecuente (hesicasmo), la lectura santa continua  y la comunión, para que sea transmitida por el canal infuso, ya decía Eurípides, “Es más fácil dar consejos que sufrir con fortaleza la adversidad”.

Del término consejo podemos extraer varios acepciones, de hecho, de él devienen otras sub nociones, como cónsul, concejo (con c), consulta, deliberación, asamblea, Ecclesia (nuestra Iglesia), asesoramiento, gobiernos, todo lo que se refiere al populus, etc, todo ello se trata de dar consejos con cierto halo de responsabilidad, por ejemplo el párroco en su homilía puede hacerlo, y esto acarrea deberes, que se da a la comunidad y no necesariamente por la invocación del Espíritu Santo, sino de su propio juicio, por el raciocinio de su mente, no pasa lo mismo si lo que aconseja viene directamente de la palabra misma, o de la Santa Tradición Teantrópico, que aunque en ese momento no recibas la epíclesis (el sujeto), es sabia la respuesta, y por tanto indirectamente consolidada con el don natural, bien, como se dice en Proverbios 12:15: “Pero los que escuchan el consejo son los sabios”, v.g., como cuando tomamos el libro de Sabiduría o Salmos y se lo recitamos a alguien, esto es sabio y aconsejar según la fuente viva [escrita] de la palabra de Dios.

Desmenuzando el contenido de este articulo, tenemos que al nacer venimos de fábrica con ciertos dones, que son activados con el bautismo, y puesto en marcha con la confirmación (renovación bautismal), esto no implica que no se tenga ciertos dones humanos (que a veces podemos llamar talentos): genéticos, epigenéticos, pero también espirituales, lo que se quiere decir frente a esto es que el Don de Consejo es una gracia natural que a pesar de las facultades desordenadas del alma del ser humano desde su caída, aún se mantiene para el género, por bondad y misericordia Dios, aun así, se puede aumentar en su forma ordinaria, o recibir de forma extraordinaria, es decir, sobrenaturalmente, como sucede con los demás elementos sapienciales, para que esto puede volverse más o menos permanente (habitual) y se pueda conservar así la gracia del Espíritu santo, con trabajo arduo (piadoso), y por supuesto con nuestros esfuerzos en la práctica de las virtudes/sacramentos. Veamos.


Si se dan cuenta el Don de Consejo lleva consigo si o si, a la virtud de la prudencia, pero en una versión que es mejorada, que no viene de ti, sino del espíritu de Dios, es el que guía al hombre ya no tanto por la razón, sino por los dones sapienciales, para determinar lo que se debe hacer (discernimiento), es comprender [verstehen], con causa ajenas fines específicos, ya sea para ti mismo, o la conversión de otros, en predica de la palabra, misiones, ejecutando un apostolado, es decir, eres un medio, un instrumento para un fin (Serviam Deus), esto hace que tus facultades desordenas se ordenen hacia el objetivo que es la ayuda en la cooperación que hace principalmente el Espíritu santo en el mundo, como parte de la oikonomía, del plan de salvación del hombre, en la coredención, cooperación, de la victoria de Cristo para su Reino, por ello que Santo Tomas y San Agustín, lo asocien con la bienaventuranza de la misericordia (Mateo 5:3-12) y sus frutos se conocen igual como sucede con la fe, por medio de los instrumentos que se haga de ella, ya sea corporales o espirituales.

¿Cómo saber si se cuenta o no con el Don del Consejo? Ya lo dice Santiago 2:14-19, “por medio de la obras”, sino sería fe muerta, de la misma forma un asesoramiento de la providencia divino, se obtiene por su accionar en el pensamiento y luego en la conducta, por ejemplo, por el amor [caridad] que se tenga de dar beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, dar de comer al hambriento, enterrar los difuntos (como lo hacía Tobit), enseñar el que no sabe, corregir al que se equivoca, perdonar, consolar, sufrir con paciencia, rezar por los vivos y muertos (actos de piedad) y dar buen consejo a quienes lo necesitan, por tanto, su resultado está marcado mayormente con los bienes espirituales que con los del cuerpo (en todo caso no son excluyentes).

Entre más ejerzas estos ejercicios de piedad, sobre todo los espirituales para el caso del Don de Consejo, en demasía se te dará tesoros, talentos, habilidades, habrá una comunicación [canal racional o infuso] con el Espíritu del Consejo, por la acción que estás realizando, y a esto se le suma los demás dones sapienciales, que van de la mano, como el de la ciencia, entendimiento y sabiduría, que siendo intelectuales todos ello dan mayor claridad sobrenatural del asesoramiento de la providencia divina a través de la entrada del Santo Temor de Dios, del cual debe ser sumado a prácticas de las virtudes, el hesicasmo (oración incesante), penitencias, mortificaciones, humildad/obediencia, lecturas, aprendizajes continuas, enseñanzas a otros, conectado todo ello a las obras del alma.

Podemos llamar también el Don de Consejo como un "Don de Discernimiento Prudencial Divino [Providencial]", del cual va atado a las personalidades, temperamentos, de los humanos (por su condición almática), pero que es transmitido por lo divino, del cual varia no tanto por su contenido, sino por su forma, esto, dependiendo de la formación de cada quién, de su piedad y justicia. Son acciones operativas que deben ser medidas según el contexto, circunstancias, personas, vocación, ministerio, y un sinfín de características misteriosas, porque no es lo mismo el consejo que te pueda dar el Sacerdote como Padre, o Guía, que el del un albañil en cuanto a lo que debe realizar con respecto a algo de las cosas del hogar, del cual se puede desprender una sabiduría divina, proveniente de la palabra o del momento iluminado —temporalmente—, sobre una recomendación celestial que necesite ipso facto.

Es difícil obtener el Don —habitual— del Consejo (permanencia), ya que por lo general se presentan son destellos, en estos casos el Espíritu Santo se aprovecha de tus condiciones académicas, y hasta profanas, para ofrecer una respuesta acorde a lo que necesitas, siempre con humildad/obediencia, en todo caso, dichos asesoramientos siempre están dotados de persuasión, y lo sabes porque la gente se transforma inmediatamente o con el tiempo, ya que le llega el mensaje al alma, ya que estos actos de habla son eficaces [útiles] en lo referente a su operación militar, y se alinean a los deseos de Dios, lo mismo nos pasa a nosotros mismos, cuando el Paráclito nos consola ante motivos de ira, o tentaciones, somos recibidos en el arrope de su gracia, por ello que sea necesario también pedir a nuestra madre, la Madre de Dios, en su advocación especial del Buen Consejo, en todo momento [orad sin cesar].

El Consejo como un "don de resultado" de los dones sapienciales, además previsto como acto de prudencia y discernimiento pero divino, conlleva a la elección de preferencias temporales (y difícilmente permanentes) para nosotros y para otros en cuanto a cómo/cuándo/qué hacer, en una situación dada: fines específicos o amplios, va importar si estamos en gracia, esto, para saber en algo si estamos siendo gobernados por el Espíritu Santo (y puede que tu no lo sepas), tener el manejo no siempre depende de ti, dentro de las elecciones aun para no creyentes, ateos o agnósticos, algunas acciones están encintas a la sabiduría, la ciencia y el entendimiento puntual (de balbuceo) en cuanto al plan de salvación, con el objetivo de poder comprender mejor su “habla divino”, a pesar de nuestra ignorancia, negligencia y olvido, podemos ser cooperadores de la gracia, por ello que debamos esforzamos en tener una pureza, y docilidad para que pueda agigantarse dichos componentes en nuestra ser. Veamos.


El Don de consejo, ya sea como como gracia natural, sobrenatural, directo, indirecto, habitual, temporal, racional o infuso, sirve sus clases (características) para muchos propósitos sanos, siempre positivos, correctos, pero también está destinado en la tarea de poder conseguir la meta del cual permite aun sin saber por medio de la razón que se allegan razones fundadas en el —sano, buen correcto juicio— que se hace con prontitud, eficacia y acierto. Aún así, dicho entendimiento o iluminación de conciencia se traduzca en la filosofía humana como falacia o sesgo cognitivo (errores de la comunicación), eso no importa en el plano celestial, por tanto la cuestión es poder perfeccionar el discernimiento y la prudencia para así analizar el raciocinio iluminado de nuestra fe, a través de un espíritu santo (theosis) que nos hace el Espíritu Santo (Paráclito), del cual converge con las operaciones de Dios (consagración y voluntad a su corazón) para que así podamos entrar la gracia de aceptar su luz en nuestra alma y poder aconsejar a otros en forma justa, piadosa y sabia, conforme a la ciencia no de los profanos sino de los santos (scientia crucis).

En todo caso, el asesoramiento humano, pero mayormente el divino, se perfecciona a mayor prudencia y discernimiento (se trabaja constantemente), pero antes, ante el control de nuestras pasiones, deseos, emociones, de nuestra habla y eliminación de las desobediencias, en camino a la purificación (catarsis), como medida de antesala de la iluminación (theoria), a la tarea última del hombre, que es la salvación de su alma, enseñada a través de la Santa Tradición y luego de su Palabra escrita, es esa oralidad la que nos dejó Jesucristo luego plasmada en papel (positivizada) en una verdad que es revelada, el camino para llegar a la vida eterna en cuanto al sano y buen juicio de la acción correcta/virtuosa (ortodoxa), ya se dice en Proverbios 27: 5-6: “Mejor es la reprensión franca [parresia] que el amor encubierto, fieles son las heridas del amigo, pero engañosos [falsos] los besos del enemigo”.

El que ostenta el Don de Consejo temporal o habitualmente, obtiene la facultad de la sabiduría práctica, que no es otra que el del discernimiento prudencial divino, escucha el consejo no solo que le da el otro con paciencia, sino para sí mismo, ese que le ha entregado el Espíritu Santo que lo corrige [disciplinarismo] constantemente, esto es, con ánimo amoroso natural/sobrenatural, se transporta, en distintas operaciones de la vida, según su ministerio, apostolado, misión, etc, para que no se tenga forma de equivocarse (o al menos disminuir sus tropiezos), por esto que las consagraciones siempre (del santo que sea) vayan unidas con la voluntad de la Santísima Trinidad en cuanto a las operaciones disciplinarias, estructura, jerarquía, orden (ordo), belleza (pulchrum) del Reino, quitando así todo tipo de temeridad, ociosidad, precipitación, afán, impulsividad, y locuras de tus emociones/deseos/pasiones, de allí que nuestras esfuerzos estén acompañadas siempre en el trabajo hacia la virtud.

Obtener el Don del Consejo ya no solo acrecentándolo de forma natural por medio de nuestro esfuerzo y gracia gradual sino ahora sobrenatural (de bombazo) es lo ideal, y esto resulta curioso, porque si lo tienes, significa que además es de saber que el alma se encuentra en comunión con Dios (theosis), y de esto se puede deducir con lo que has adquirido, en la cierta prudencia y discernimiento de espíritu, conforme a las decisiones sabias y juicios rectos que tomes para ti como para otros, son todo ello una perfección de los estados sapienciales, es decir, te da a conocer los otros dones que también te han sido transmitidos en grados, esto no para vanagloriarse (logismoi), sino para tener en cuenta en fin de nuestra salvación (spes) y aumento de la fe, en todo caso, en su mantenimiento teologal. 

Expresa San Agustín en su Sermón 60 en su punto 1:

“Toda persona que se halla en alguna tribulación y sin salida en algo que le concierne personalmente busca a otra entendida [sabía, ilustrada, habituada] que le aconseje para saber cómo actuar. Supongamos, pues, que el mundo entero es un solo hombre. Pretende sortear el mal, pero siente pereza para obrar el bien. Por ello, al acrecentarse sus tribulaciones y no ver salida a su problema, a la hora de pedir consejo, ¿Qué persona puede encontrar más capacitada que Cristo? Encuentre a otra mejor y haga lo que quiera. Pero, si no tiene dónde encontrarla, venga a Cristo [gracia directa], consúltese dondequiera que le halle, siga su acertado consejo, guarde su justo mandato, evádete del gran mal”.

Expresa San Agustín en el Sermón 389 en su punto 2:

“Necesitamos el consejo sobre cómo llegar a Él para saciarnos del pan [palabra] del que ahora apenas recogemos unas migajas, para no perecer de hambre en este desierto; sobre cómo llegar a la hartura de ese pan del que dice el Señor: Quien coma de este pan no tendrá más hambre y quien beba la bebida que yo le daré no tendrá sed nunca jamás, prometiéndonos una cierta hartura y saciedad sin náusea. Necesitamos, pues, el consejo sobre cómo conseguir esa saciedad de pan al hallarnos hambrientos lejos de ella. Si menospreciamos el consejo, inútilmente llamaremos a las puertas de aquel Pan. Más aún, si alguno desprecia este consejo que os voy a dar o, mejor, que voy a recordaros —pues no es de mi cosecha lo que con vosotros he aprendido—, no digo ya que llama inútilmente, sino que ni siquiera llama. Llamar no consiste en otra cosa más que en seguir y actuar este consejo”.

San Agustín, como los diferentes Padres de la Iglesia, y del Desierto [Yermo] nos ayudan a entender mejor este Don, que se sintetiza en el análisis de lo que es el asesoramiento interno/externo como medida a una acción, ya directa/indirecta/mixta, siempre devenido de Cristo, en su palabra, esto no implica que puedas acoger en sí el asesoramiento de tu amigo sobre un tema del mundo o espiritual del cual se sirve de instrumento, en algunos casos, pero en otros no de allí la importancia del discernimiento. Siempre debemos de tener de presente aceptar la sabiduría de Dios y no rechazar sus mandatos [obediencia], puede que por buscar el agrado humano, termina siendo perjudicial esa recomendación que te han dado para tu alma, por tanto, parte siempre de la pureza del corazón [como indicador], iluminadamente, la mente la preserva para su comunicación, la cuestión es no aceptar dichos exhortaciones por dinero, placeres, etc, sino por un bien superior, como lo es la fortaleza de resistir [katejon], a lo fácil, ya decía Tomas Kempis, “Toma consejo del hombre sabio y de buena conciencia; y apetece más ser enseñado de otro mejor que seguir tu parecer [necio]”.

Hermanos, es preferible, tal cual como lo dice el Evangelio decir la verdad con amor, que echar mentiras, de nada vale aconsejar a un hermano, sino es lo mejor para a sí mismo, así no le gusta lo que le digas díselo de frente (parresia). Es el aprovechamiento del asesoramiento y más si es divino alcance el que permite intuir/saber si una persona es sabia o no, y no porque tenga mayores conocimiento profanos sino que en medición a sus resultados [obras] se ha transformado (metanoia), por tanto, se trata de escuchar, y aplicar, practicar, los buenos consejos que vienen de un espíritu santo (theosis), del cual instruyen, sanan, hacia la correcta doctrina (ortodoxia), como los que no trae los llamados “consejos evangélicos” (exhortaciones) de San Pablo en sus cartas, por ejemplo, en cuanto a la aceptación o no de los votos de obediencia, pobreza y castidad, en la imitación de Cristo, según la condición de cada quien (capacidad) u orden religiosa, fraternidad laica u hombre ermitaño. 

22 de septiembre de 2024

EL HESICASMO: ADQUIERE LA PAZ DEL ALMA


"Que yo sea monje y tu laico no tiene importancia... más bien que ambos estemos en la luz del Espíritu Santo. Adquiere la paz [hesicasmo], y miles a tu alrededor serán salvados".
San Serafín de Sarov

Mario Felipe Daza Pérez

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Dentro de cualquier aspecto así como del ejercicio, ya sea físico, mental, o de cualquier otra conducta de adopción, se requiere de una progresión gradual, y más si se trata de lo espiritual, en tanto que el alimento, como la pesa (fuerza) es el sustento al mismo tiempo del crecimiento de nuestra alma tal cual como lo es la “oración”, sin ella no podemos salvarnos, de esto que se requiera rezar incesantemente como no los dice San Pablo en 1 de Tesalonicense 5:17: “Oren incesantemente”, ya sea suplicando, dando gracias, pidiendo, etc, conforme a ello ya habrá varios formas, técnicas, métodos, finalidades..., para esta preparación, un curso, escuela si se quiere de cómo cincelar para alcanzar este don divino llevándonos hacia el recogimiento y la concentración pura del uso de esta herramienta salvífica que no se consigue sino con la gracia y el esfuerzo (sinergia).

Podemos entender el hesicasmo como aquella práctica ascética cuyo componente trata la "meditación permanente" (nepsis: vigilancia perpetua), del cual los Padres del Yermo comenzaron en su carrera espiritual y que ahora la tradición nos ha transmitido en el tiempo, principalmente divulgada por los monjes cristianos de oriente, entre ellos los egipcios, hasta llegar a Palestina y Siria, consistente en la “quietud del alma”, es decir, se trata de llevar al ombligo (onfaloscopia) la oración, en la “guarda del corazón”. Esta devoción ha sido propagada en el cristianismo ortodoxo, sobre todo por los “rusos” de los cuales han hecho mejor práctica de esta herramienta y en algo en el catolicismo de estirpe oriental, del cual ahora nosotros tomamos como escuela, para nuestro crecimiento almático desde occidente, conforme a lo que se destaca esta valiosa forma de espiritualidad ascética aplicado para laicos y religiosos con el fin de llevar una vida en comunión (dirigirnos hacia la "theosis").

Podríamos decir que los métodos hesicastas varían, ya sea si eres protestante (verlo solo como un estado transitorio de tu crecimiento), o católico occidental u oriental, ortodoxo, en todo caso, nos referimos siempre en nuestra “escuela de la oración” siguiendo el “catolicismo pleno” (sin adjetivos, de todos los ritos), fundamentando no solo el "qué", sino mejor el "cómo" que casi nadie trata, esto, como técnica necesaria (psicosomática) y eficaz para conseguir la oración integral, pura (dentro de la oikonomía), es decir, hacia el avance a la obtención, aquerencia de un “espíritu santo” como de la paz y tranquilad del alma, tal cual como no los ha enseñado Jesucristo. Frente a esto lo primero que debes tener en cuenta es que cuando oremos, tenemos que dejar un lado nuestras ocupaciones, desganas, pensamientos malvados, y demás imaginaciones (rechazándolos, no prestándole atención) ya que nos aparecen de repente, y en mayor medida en el camino hacia la purificación y esto si que requiere tiempo para poder controlar las pasiones/deseos.

Indistintamente del camino hesicasta que sigas, deberás llegar al mismo fin que es la paz del alma, recogimiento, tranquilidad, por ello que propongamos como lo hacen los católicos orientales y ortodoxos comenzar a practicar la devoción al nombre de nuestro Señor, a través de la llamada “Oración de Jesús”, inserta en la “Filocalia” (recogidos principalmente por Macario de Corinto y Nicodemo el Atónita), en sus diversos ámbitos, sobre todo rezado por los eslavos, y esto se debe a que es un método antiguo practicado en los monasterios del este y oriente (véase en el Monte Athos), del cual permite llegar con su debida preparación en el avance de tomar una disciplina espiritual robusta, del cual va acompañada no solo de plegarias, o de un calentamiento previo (calistenia almática), que se forja cuando hacemos llamados al cielo, lecturas santas, himnos, cantos a voz viva, con parlantes o a capela, enfocado en música gregoriana o sacra, todo esto es lo que nos lleva a concentrarnos y conseguir con el debido tiempo una purificación en vías a la iluminación.

Nos enfocamos en este escuela hesicasta católica, ya no tanto en el "que" debido a que sabemos que la importancia de la oración y sus elementos, sino en el "cómo", la inquietud espiritual está en que la gente no sabe como orar, son estos subtemas por supuesto los que se deben tratar porque no los aborda la Iglesia Católica de Occidente, o de rito latino, sino que se debe acoger en complemento con lo ya trabajado desde oriente o con los ortodoxos, por ello que hagamos énfasis en poder presentar incipientemente una limpieza de las pasiones, de los deseos, y por tanto de las distracciones (como iniciación a todo), para así conseguir una oración medianamente pura, indistintamente del lugar, o la oración misma, lo que debemos de atrapar es el estado (hesicasmo) que es la condición, remedio de concentración con el fin de que el espíritu entre y transforme todo (metanoia) tu ser, por medio primero de la oración vocal, segundo, de la mental y luego por último de la noética (que es la guarda del corazón: nepsis), fijado en todo caso como el método más certero practicado no solo por los Padres del Desierto sino por todos los monjes hasta el día de hoy.

Una buena introducción a estos temas además de procurar leer la vida de los santos, es estudiar la "Filocalia”, y sobre todo practicarla, (véase, “Relatos del peregrino ruso”). La “hesychia”, en estos casos permite consigue de por sí una paz interior, y es con la repetición de las oraciones (no mecánica) lo que adentra la relajación de la diástole, y la contracción del corazón, pero que a su vez requiere de un adiestramiento del cuerpo en coherencia con el alma, en estos casos, nadie puede decir simplemente "Señor, Señor, sino por influjo del Espíritu Santo” (véase, 1 Corintios 12:3). Para tomar plenamente este estado permanente "se necesita un retiro del mundo (entendido como de lo mundano, más no del mundo en sí) según la condición que se tenga, es decir, ser anacoretas, de por si no es imposible sino que se acoger en su capacidad de las personas, y de su comportamiento de entrenamiento, que se ejecute paulatinamente, en consonancia con el rezo ya sea de 50, 100, 500, 1000…, hasta llegar a repetirlo casi todo el día (según como se mueva el espíritu), hasta obtener la gracia por ese esfuerzo de oración, ten en cuenta siempre la respiración y los latidos del corazón (unidos), consiguiendo lo que se conoce en la neurociencia como “coherencia cardiaca”.

En estos aspectos el monje San Serafín del Monte Athos, nos comparte las formas de meditación y sus etapas (que pueden leer, aquí), comenzando primero el ser como unas piedras (Cefas), y una montaña (inamovibles en distracciones, pasiones, deseos), para luego pasar a parecernos a Abraham y los profetas, hasta así llegar a la forma de orar de Jesús, que solo lo da en últimas cuando el Espíritu Santo entre en ti, por eso que no se sabría contestar en que momento se daba este estrado permanente (hesicasmo) porque no le corresponde a otros, sino solo a Dios. Para conseguir esta gracia, el método hesicasta es necesario la perseverancia, el esfuerzo en el rezo, dejando a un lado todo lo que te pueda distraer, abrazar la soledad, diciendo: “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”, todo el tiempo, sin parar, haz que penetre en tu intelecto (nous) sin recuerdo alguno. 

Evagrio Póntico en el “Tratado sobre la Oración”, expresa lo siguiente:

“El demonio es terriblemente celoso con el hombre que reza y emplea todos los medios para hacer que no alcance su objetivo. Por eso no cesa de avivar por medio de la memoria el pensamiento de los objetos. Cuando los demonios te ven lleno de ardor por la verdadera oración te sugieren el pensamiento de algunos objetos que te representan como necesarios, y luego en seguida, excitan el recuerdo ligados e los, impulsando a la inteligencia a buscarlos, si no los encuentra, se entristece mucho y se apnea, todo ello para que no tenga la oración fructuosa”.

Hermanos/as, tenemos el deber formal de orar, una vez estemos seamos bautizados, pero para ser verdaderamente hijo de Dios, —materialmente hablando—, se necesita de un esfuerzo, una colaboración, cooperación, de lo que San Juan Crisóstomo y demás monjes/Padres se refieren al "ascesis", esto, porque estando oculto en el subconsciente, es imperioso trabajar con el fin de conseguir no solo la gracia de la perseverancia sino también el de la oración incesante, que bien se mantiene en el estado de la calma, de “hesyquia”, uniendo lo corporal con lo incorporal, lo visible con lo invisible, acogiendo la epíclesis, ya sea repitiendo “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”, o su forma completa, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador [o que soy pecador]”, o otros versos, como de los salmos o de la palabra: “Dios, ven en mi ayuda, date prisa en socorrerme”, conservando así el estado metanoico en pos del recuerdo de la muerte de tener siempre la mente puesta en el infierno sin desesperarse (San Silouan) y esto se hace por obediencia, “kenosis”, en conversión a ser mártir psicológico de tu alma, centrado en la renuncia a ti mismo, por abandono a tu voluntad.

Practicando el desprendimiento, quitando todo tipo de vanidades, haciendo la oración con pureza, baja en nosotros cierta tranquilidad que nos trae el recuerdo de la esperanza, de la vida, no tanto de la muerte biológica, que es una condición temporal, sino del alcance hacia lo espiritual. Cuando nuestra alma se libera de este campo de entrenamiento como decía San Ambrosio de Milán, es cuando decimos que “ganamos” antes no. Es con el hesicasmo que podemos conseguir esa gracia ininterrumpida, la paz del alma, esa perseverancia final, y la Oración de Jesús es un rifle de gran alcance para este propósito, del cual tiene ya se mucha experiencia de batalla por sus resultados monásticos, no solo porque se introduce en tu conciencia, sino que incluso combate en tus sueños y en cualquiera de las etapas en que te encuentres: ligero, REM, profundo..., llevándote inclusive al éxtasis, como a carismas. Recordemos que la oración noética a través de este método penetra y completa todo porque menciona en resumidas cuentas el Evangelio. Miremos su descomposición.

  • Señor (Kyrie): Reconoces a la Santísima Trinidad, y su plan salvífico (oikonomía), es el que nos da la fuerza espiritual (iskus) para resistir (fortaleza), seguir, combatir, etc.
  • Jesús (Iēsoûs): Nombre y persona (esencia-hipostasis) que fue revelado para salvarnos, es Dios redentor, hecho carne (el verbo, el logos), el hijo del hombre.
  • Cristo (Christie): Mesías, el ungido, el salvador, el sacerdote, el rey, el profeta, el mediador, con innumerables títulos salvíficos/redencionista.
  • Hijo de Dios (Theos ho Huios): Es quien salva, quien redime nuestras faltas en el tiempo, por tanto, es la autoridad ante el Padre, es el camino, la verdad y la vida.
  • Ten piedad de mi (Eleison): Muestra nuestra debilidad, se muestra la humildad, obediencia, se pide misericordia por nuestras faltas. Es llorar, estar contritos y alegres. 
  • Pecador (Jamartolós): Se muestra la condición vil de nuestro estado caído: pasado, presente, futuro, nos expresa que no somos nada sin Él, polvo y cenizas, no nos podemos salvar solos.

Quedaría entonces:

“Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”

La repetición de esta jaculatoria (algo parecido al “dhikr” es el islam, o "mantra" en el budismo, sin que nos llegue interesar), se trata de una oración breve, que se hace repetitivamente en el tiempo, recitarlo humildemente/obedientemente a los mandamientos es "salvarse", no porque lo digas en sí, sino que al expresarlo primero con la boca, luego con la mente y por último en el corazón, te recompone todo hacia el bien, hacia la virtud (metanoia), es el camino hacia el perdón, y la verdad y a través de esta acción eres tenido en cuenta dentro de la vida eterna, mientras lo digas sin cesar, sin parar y sin cansancio, puramente, dentro de la tranquilidad/paz del alma, en el “hesicasmo” se llegará a la perseverancia de la oración y por tanto de la gracia, de hecho, el solo nombre de Jesús, es ya "salvífico", porque prácticamente estás diciendo en su denominación funcional: “Dios sálvame” o “Dios salva”, tomando en últimas un Espíritu Vivificante, que es permanente en el tiempo y espacio del mundo visible/invisible.

Ya lo dice San Hilarión de Optina, monje ortodoxo del Monte Athos:

“Leyendo los textos de los Santos Padres, has visto que, quien quiera purificar su alma de las pasiones, primero tiene que invocar el auxilio de Dios. Así es. Pero no podrás orar con la “Oración de Jesús” en tanto no apartes tus pensamientos. Dios no espera del principiante una oración íntegra, porque esto es algo que se alcanza con el tiempo y después de mucho trabajo. Eso también lo dicen los textos de los Santos Padres: “Dios le concede el don de la oración a quien ora”. De hecho, todos tenemos que orar, empezando con nuestros labios y con nuestra mente” (véase, Filocalia de la Optina, traducere de Cristea Florentina, Editura Egumenişa, Galați, 2009, p. 59).

En resumen, recitar esta oración breve y sencilla, es una introducción que debes tomar en cuenta en el "hesicasmo" y de su desarrollo, con el tiempo una vez avanzado con un espíritu [en santidad], por experiencia de los monjes se irá capacitando a tu alma e inicialmente a la personalidad santa, hacia la virtud, rodeado de cambios interiores, de presencia divina, paz, liberación, es algo que nos concentra y dirige hacia Dios (theosis), inclusive mientras dormimos. El consejo siempre será en casarnos con una fórmula fija, esto, para no desordenarnos en cuanto a su composición, sugiero en este caso comenzar como no los dice en el texto “Relatos de un peregrino ruso”: “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”, que es el más corto de su composición (para principiantes) y luego para si irnos introduciendo poco a pco a toda la oración completa, pero primariamente vocalmente (como calentamiento), unas 10 a 50 veces en el día, luego mentalmente ir aumentándolo, hasta que llegues a lo “noético” (el ardor), y lo vas a saber porque sentirás un fuego en el corazón, en algunas casos como si tuvieras un hielo quemándote en el centro del pecho, y en todo tu ser moviéndose, lo complejo será hacerlo todo el tiempo y correctamente con pureza/humildad, fuera de toda distracción, y control de las pasiones sin olvidarse de tus deberes cristianos. Veamos.


Es debido a nuestras facultades desordenadas del alma o inclinación al mal (concupiscencia) no conseguir enseguida la “theosis” sino es por esfuerzo más gracia (gradual), esto es lo que se llama predestinación, que según la versión agustiniana, está más inclinado a esta última, que a la primera, del cual los ortodoxos, imprimen mayor relieve a la ascesis, para poder conseguirlo, en todo caso para obtener esa “deificación”, o “visión beatifica” es necesario primero luchar contra todos los vicios (logismoi), pensamientos impuros, faltas que nos obstaculizan este camino a la verdad, al quitarnos el velo de la ignorancia, de la necedad, por tanto de la negligencia por lo divino, al no olvidarnos de Dios ni siquiera en pensamiento, como en acciones, solo así llega la fuerza del Espíritu Santo, y es por medio de la práctica de los sacramentos y el medio más eficaz entre todos ellos como lo es la oración podremos conseguir un estado hesicasta hacia la salvación (oikonomía), en el ámbito de la oración noética llevando el alma hacia la virtud acompañada de la ascética corporal, en cooperación con el espíritu en vías hacia nuestra divinización (comunión).

En simples pasos, y resumiendo desde la óptica latina (occidental), la purificación (catarsis) te permitirá eliminar los apegos, y te hará controlar las pasiones/deseos, llevándote a la iluminación (theoria), que es la transición de la oración mental hacia la noética en pasos graduales (ámbito temporal) y por último, a la perfección o deificación, al poder conseguir en últimas la “theosis” (energías increadas) que cuanto más grande sea esa cooperación (sinergia), mayormente se determinará la revelación o gracia, para luego si poder transmitirla, de allí que sea importante la obediencia/humildad, por medio de la oración pura con amor,(ágape), y es así y solo así como se consigue que el Espíritu Santo, del Padre y del Hijo habite en nosotros, de esta forma podrás enseñar a orar, predicar, profetizar (talentos), o carismas, y gracias al beneficio de su gloria, pero para que ello debemos pasar antes conformando una espiritualidad hesicasta, al decir como dijo San Pablo, “Ya no soy yo quien vive en mí, es Cristo quien vive en mí” (véase Gálatas 2:20), teniendo en tu corazón la zarza ardiente que arde la vivificación del espíritu en comunión con el de la Santísima Trinidad. 

La oración hesicasta pero sobre todo su estado es importante conseguirlo a toda cosa, no solo porque nos da paz del alma, sin también porque nos "salva", es lamentable lo muy poco que se ha practicado en occidente, en la Iglesia Católica, curiosamente el gran difusor de esta devoción ha sido San Bernardino de Siena, de hecho, antes, podemos encontrarlo en algo con San Francisco de Asís, como en San Juan Capistrano y por último en San Bernardo, pero no tan efusivamente, en todo caso se remiten a ella como iluminación/alimento almatico, es decir producto una forma de “kenosis” (vaciamiento de voluntad) como lo han hecho a su vez los carmelitas descalzos, entre ellos, Santa Teresa de Jesús y luego San Juan de la Cruz, en este aspecto el Cardenal Tomas Spidilik para nuestra época fue un gran estudioso de la Filocalia y practicante de la Oración de Jesús,  sobre esto escribió varios libros que se puede conseguir en la web, en lo concerniente sobre la integración imperiosa de la Iglesia única y santa, como lo es el "catolicismo" (sea cual sea su denominación).

Por último, según lo comentado, podemos extraer de lo escrito que indistintamente de la práctica incesante que se tenga o no según sus técnicas/métodos siempre todos ellos conducirán al mismo camino que no es otro que el de la salvación, por tanto, es la oración noética el "medio" que te permitirá conseguir un espíritu puro, hesicasta, en relación continua con Dios, en vía a la deificación, en búsqueda primero de la tranquilidad (holos) del cual se incluyen en ese proceso de purificación la eliminación de las distracciones, y deseos, para luego llegar a iluminación de conciencia, dentro de las herramientas ofrecidas en el estado de quietud/recogimiento conforme no tanto a la poses (postratio), o a la respiración, y la forma en cómo/cuándo lo decimos, o del control de las pasiones sino el de tener presente en la recitación de las palabras de la Oración de Jesus (para nuestro caso) la mente y el corazón unidos en perpetua comunión. 

15 de septiembre de 2024

EL DON DE LA “FORTALEZA”: ¡RESISTE HASTA EL FINAL!


“La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”
Tertuliano

“Los mártires de los últimos tiempos será los más grande de todos, porque los primeros lucharon contra los emperadores, pero los últimos combatirán contra Satanás”
San Agustín

“Deben saber que los jóvenes de hoy que permanezcan puros serán contados entre los mártires de nuestra Iglesia en el Dia del Juicio”
San Paisos del Monte Athos

"Las pruebas psicológicas de los habitantes de los últimos tiempos serán iguales a las pruebas físicas de los mártires. Para enfrentar estas pruebas debemos vivir en un mundo diferente"
 Beato Serafín Rose

Mario Felipe Daza Pérez

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Si pudiéramos resumir el “don de la fortaleza” lo llamaríamos simplemente como “lucha” una “lucha paciente”, de combate, contra toda “adversidad”, injusticia, enfermedad, sufrimientos…, cualidad que es contrario a la pasividad, al quietismo (véase “molinosismo”), acción que va aunada a la voluntad, y no exactamente en el intelecto como si lo hace el don sapiencial del “consejo”. El ser “fuerte” es un llamado y un mandato en todo cristiano del que va vinculado con la gracia de la perseverancia, y también con la “parresia”, podemos pensar que un mártir es la máxima expresión de la “fortitude” lo es, pero no en el sentido físico únicamente, sino que también psicológico, emocional, como lo pretende alterar ahora el mundo y el maligno, en cuanto al ataque de la “psyche”, conforme a enfermedades espirituales. Es el “mártir” (martus) un “resistente” en este caso mental, y no solo del cuerpo a sus pasiones, es un “atleta del alma”.

La gracia, la energía, el espíritu de la fortaleza es uno de los siete (7) dones del Espíritu Santo que Dios concede a sus hijos, al ser creado a imagen de su “espíritu”, es quién en últimas reparte como quiere, según la persona, condición y capacidad elegida sus atributos, que ahora desarrollamos ahora por medio de la voluntad el germen introducidos por este ser eterno que es uno y trino, puede que no sea posible llegar a perfeccionar los actos y potencias del alma en su totalidad, ya que lo que constituye el hombre perfecto es la mezcla entre esta “sustancia” [esencia] junto con el espíritu y el cuerpo, lo que los ortodoxos llaman “hipóstasis" en este caso, la “fortaleza” nos asiste en la lucha contra el pecado, en seguir adelante, con nuestra misiones, ministerios, y mantener el bautismo, la confirmación [renovación] a las exigencias de la fe, liberándolo de espíritus contrarios de debilidad y acedia, el no claudicar en nuestra conversión permanente y en la perseverancia en la oración y final es ser “fuerte” (fortitude).

Cuando nosotros pecamos, y luego hacemos algo peor [hábitos], establecemos un vicio que no sólo daña nuestra relación con Dios (teofilia) sino que nos perjudica, además, a nosotros mismos, ya que implementar una semilla de indiferencia/alejamiento/ignorancia en nuestros corazones, y nos priva voluntariamente hacia el camino a la salvación, es sencillamente darle un espaldarazo a sus mandatos, órdenes, disciplina, es como si fuera un alma distinta al alma natural, y al transgredir sus causas, nos hacemos más daño, entrando al entenebrecimiento del alma, en una zona de oscuridad, perdiendo así la función espiritual pasando a ser animalistas racionalistas, hasta su extremo y esto es lo que pretende hoy en día la psicología, filosofía y psiquiatría secular. Lo único que nos debe importar es rescatar de lo que hay dentro de nosotros, como “hombres espirituales” buscando la salud del alma, más que la del cuerpo, y esto se consigue primariamente con la oración permanente, y con la práctica de las virtudes, y luego si por complexión corporal, nutrición, ejercicios físicos, pero ante “espirituales”.

Fortaleza, “gueburah” en hebreo, “iskus” en griego, o “fortitudo” en latin, encontramos ejemplos claros en la historia dentro de los grandes profetas, apóstoles, como Pablo, Rey David, este último un gobernante de autoridad, Debora, Judith, o el propio Judas Macabeo y como siempre el mismo Jesús, y la virgen María, notables experiencias de esta virtud, don y gracia, ya que se tiene como fin muchas cosas, no solo aguantar necedades, sino también todo tipo de injurias, calumnias, afrentas contra Dios, y actuar prudentemente contra toda situación, la resistencia a la concupiscencia hace parte de este consagrada virtud, entre la “fascinatio nugacitatis”, alejándonos de todo mal, con tal de buscar el bien, ya se dice en Sabiduría 4:12: “Porque el atractivo del mal oscurece el bien y el torbellino de la pasión altera una mente sin malicia”.

La “búsqueda de la verdad” va entramado con el temor de Dios, en todo caso, toda fuerza debe provenir de Dios, y no tanto de ti, no son las fuerzas humanas, sino celestiales y del cual se se da por grados, ya se indica en Eclesiástico 3:21: “No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar”, entre nuestras prioridades primero debe estar la salvación de nuestro alma hasta volver al último eslabón de la estructura, que es volvernos heroico (parresiastés) en la defensa de la “fe”, por ejemplo, en Hebreos 12:4 se nos menciona sobre la carrera atletistica que debe tener todo cristiano que sería el de: “Ustedes se enfrentan con el mal [pecados, vicios, espíritus, etc], pero todavía no han tenido que resistir hasta la sangre siendo mártires".

En esta forma, el nivel máximo de fortaleza que tiene que ver con la defensa de la fe, en su totalidad, tiene unos grados o niveles, y que el último de ellos es del “martirio”, pero no necesariamente físico, sino ahora imbuido en otros ámbitos, como el que expone San Agustín, el monje ortodoxo ruso Serafín Rose, o San Paisios del Monte Athos (revisar las primeras citas de este artículo), desde la “psyche”, que es poder del “control mental”, ya no tanto del cuerpo (aunque este objetivo nunca desaparezca) pero se centra en los cambios epigenéticos, morales, biológicos o psicológicos, a partir de la composición del alma, que es la causa primera y segunda de los problemas desde nuestra caída. Veamos.

  • Primer grado: Salvación de nuestras almas, búsqueda de la preparación para la defensa en la fe, y la práctica sacramental para poder resistir, podemos decir que somos unos conscriptos, o soldados regulares.
  • Segundo grado: Aquí yace el cumplimiento de nuestros deberes ya sea como laico regular con cierto entrenamiento experimentado, o como religioso en cualquier de sus circunstancias, del cual se aplica al estado de nuestra vida sea cual fuere, podemos decir que somos unos soldadores profesionales.
  • Tercero grado: Es el esfuerzo máximo de la defensa de la fe ortodoxa católica, sin límites, (que se puede dar como máximo eslabón con el martirio y no tanto físico, sino que temporal o continuo) por tanto se vuelve sobrenatural porque es una fuerza adquirir no solo como don natural, sino también gracia, para poder aguantar cualquier ataque, pienses en San Pablo y su “aguijón”, podemos decir que somos unos "mercenarios" (Job 7:1) o "miembros de fuerzas especiales".

Ya decía el poeta griego Eurípides: “es más fácil dar consejos que sufrir con fortaleza la adversidad”, creemos a su vez que quien otorga exhortaciones santas es fuerte, vigoroso, porque debe fortalecerse en mantener esa verdad hasta sus ultimas consecuencias, y por lo general es un ser que no cambiarla por las circunstancias, no por el que dirán, de allí también la relación que se tenga con la “parresía”, de esto que el catecismo en sus numerales 1808 y 1838, se diga teniendo en cuenta la teología dogmática que: “La fortaleza asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar el eventual sacrificio de la propia vida por una causa justa”.

Cuando nos consideramos ser fuertes, este es un gran esfuerzo no solo por levantar pesas, sino en resistir, físicamente, pero más que esto, mentalmente, psicológicamente, lo que describe control por gracia de Dios, la “psyche” y no tanto por nuestros propios medios, es mantener la misma energía en nuestros afectos a pesar de las circunstancias mundanas/diabólicas existentes, que siendo complicado es determinar en situaciones concretas no trasluce en la ira, la pereza, la tristeza, sino que quita todo impedimento que no permita practica la virtud, en el control de las pasiones, e inclusive en sus sacrificios, en el sufrimiento visto como un bien en sí mismo, lo que es asimismo un coraje hacia a la verdad.

La fortaleza en este caso conlleva corajes sucesivos, pero esta "valentía" no lleva lo primero, porque siendo la primera una virtud, un don, la segunda, son actos concatenados o independientes, en hechos, o circunstancias de peligros, zozobras, no es algo que implique en cierto sentido el contenido de la “psyche” en su plenitud como lo es el control de las pasiones (apatheia) es más bien una fuerza mental o de las emociones, del cual tiene una resistencia incluso en el dolor y sufrimiento, lo cual va de la mano con la paciencia y la perseverancia del cual se ubica no tanto en el “intelecto” como parte del alma sino en la “voluntad”.

Santo Tomas, indica que la fortaleza le sigue después de la prudencia como virtud cardinal, ya que conlleva valentía, pero que en exceso esta última puede ser peligroso en el sentido que sería perder temor frente a cualquier acto, para San Agustín, lo único que importa es la “fortitude” y no tanto el coraje, ya que no es una virtud en sí misma, del cual el primero recoge todo, lo mismo que el miedo a las cosas que hacemos a diario la cual vence todo tipo de problemas, en búsqueda del bien, tales como el temor, de hecho, la muerte corporal no le importa con tal de mantener la posición en la defensa de la fe ortodoxa, acepta persecuciones, injusticias, según las circunstancias, capacidades, condiciones de cada quien, como lo propone Aristóteles en Ética a Nicómaco se trata entonces de: “soportar” y “atacar”.

Quien es fuerte en este sentido, físicamente hablando, puede que lo sea en alma, en estos casos, el demonio le huye, porque es un “loco” pero en Cristo, por amor, la cual lo aparta de toda inmundicia, del cual va acompañado del “temor de Dios”, va anejo al “Espíritu Santo”, del cual robustece cada día su “condición almática” para volver un soldado perfecto al servicio de Dios (Serviam Deus), con una prudencia, justicia y piedad intacta, del cual crece según el nivel de las características dadas, consiguiendo de por si la “magnanimidad”, el atleta de la verdad no es pusilánime, tímido, cobarde, impávido, pendejon, ni excesivo, es enérgico, saludable, instructivo, ejemplo a seguir intelectivamente y voluntariamente, entrena su “fuerza de voluntad”, como algo sagrado y del que “infusamente” consigue respaldo en las pasiones mundanas.

Ya decía San Pío Nilo el ermitaño, monje ortodoxo, "hagas lo que hagas, no digas que lo haces por tu esfuerzo o por tu virilidad, pero ya sea que ayunes, ores o hagas vigilias, no te acuestes en el suelo, o hagas muchas cosas, mejor di, no por mi diligencia, sino por la ayuda y el apoyo de Dios, lo hago" (véase, De las palabras espirituales de los Santos Padres", Editorial de la Archidiócesis de Suceava y Rădăuților, Suceava, 2003, p. 290), dice San Antonio el Grande: “los demonios juegan en ciertos escenarios, cambiando de rostro, y asustando a los niños, con ruidos alucinantes, luces luminosas, y con ciertas apariencias que se muestran más dignas de desprecio que algunos impotentes”. En fin, cuando ven fortaleza, armas, técnicas, estrategias de lucha, coraje, retroceden inútiles de hacer algo contra ese “soldado”, tratando de encubrir sus derrotas.

Dice Evagrio Póntico, “La impotencia, la cobardía, la debilidad y el miedo de los demonios hacia las personas muestran que el permiso que Dios les da es estrictamente limitado, Obtienen fuerza donde encuentran el terreno débil y desprotegido, pero incluso estas monstruosas apariencias suyas son sólo aparentes y engañosas, desmoronándose y desintegrándose cuando se revelan en su verdadero tamaño y sin embargo cuando encuentran resistencia espiritual cuando leen valentía [fortaleza] se asustan, corren, se esconden, frente al soldado de Cristo y utilizan trucos, amenazan, a quien no lo conocen” (véase, “Guerra en el aire del corazón”, Editorial Credinta fe Ancestral, pp. 44-46).

La fortaleza lleva al cristiano, al soldado a otro nivel, en la defensa de la fe ortodoxa, no sólo a resistir a las tentaciones, eludirlas, vencerlas, sino también en superar adversidades de mayor escala, siempre está en desarrollo en servir mejor, adoptar su vida a una moral cristiana tradicional, es un combatiente que lucha contra los "logismoi" (pensamientos malos), en especial contra la acedia, la pereza y la tristeza, en este enfoque la “fortitude”, es templanza y ser fuerte en la mente (psicológicamente hablando), no tanto en el cuerpo, que es importante, sino en saber no rendirse conforme a los ejercicios espirituales de la piedad y en el fortalecimiento del alma, recordemos la bienaventuranza que expresa, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”.

Indica San Juan Crisóstomo en su texto “Catena Aurea”, vol 1. p. 427 y en “Homilía sobre mateo, en su punto 33:

“Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que el mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar”. “Dejarse ayudar para ser fuertes Mientras somos ovejas vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero si nos convertimos en lobos entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del pastor. Este, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y por esto te abandona y se aparta entonces de tí, porque no le dejas mostrar su poder”.

No es excusa por tanto decir no ser fuerte, cuando necesitas esforzarte para conseguirlo pidiendo en oración, a todo el que pide se le dará (véase Mateo 7:7), tienes las armas que son las oraciones de distinto tipo y calibre para combatir todo el infierno, solo que no sabes de tus alcances de lo que eres capaz de hacer, porque Dios lo ha querido así en sus divina justicia, aplicar, combate contra seres superiores en naturaleza, pues, ya decía San Agustín en su texto: “combate entre los vicios y las virtudes”: “es necesario que los piadosos incluso sufran persecución”, y esto implica a los que tienen en cierto grado “fortaleza” de cualquier nivel, para que nos vayamos perfeccionando para la salvación, en el rompimiento de ataduras, vicios, pecados, tormento del mal y su estructura impiadosa.

Se dice en Salmos 127:1 “si Dios no edifica la casa, en vano trabajas para construirla” de nada sirve, poner tus fuerzas si el Señor no te ha dado la gracia para resistir, indica San Agustín, nuevamente, pero en “Comentario sobre el Salmo 106”, si Dios retira su auxilio podrá pelear (con tus fuerzas), lo que no podrás vencer, y este último debe ser entendido como la victoria definitiva, la perseverancia final, no la batalla, sino la guerra, por eso hermanos, supliquemos, oremos sin cesar, para que nos escuche, para salir siempre mejorados en nuestras armas, tácticas del alma, que es lo que verdaderamente importa, ya que lo que falte de nuestra debilidades será completada por la “Santísima Trinidad”, (véase Orígenes en “Tratado sobre la oración”, punto 29.19).

Al debilitar nuestro cuerpo, fortalecemos el alma, y es allí donde entra la presencia de Dios, en nuestro corazón, nuestro ser, Él siempre nos tenderá la mano, para el bienestar de un espíritu santo, por ello que requiramos entrenar el don de la fortaleza, con esfuerzo, con prudencia, pero a la vez suplicando musculatura almática hacia el camino a la perfección para que se puede soportar casi cualquier adversidad, de allí que el Señor escoja y capacita a los llamados, las aprovecha para que fortalezca a otros, las instruya y se vayan en su camino, mejor dicho, son facilitadores de la santidad, son ayudas para otros hermanos, instrumentos para la búsqueda de la “theosis”,  en esto que debamos dejarnos ayudar por los piadosos y por los seres celestiales.

Hemos dicho que el “martirio” no solo conlleva a la “muerte física” que es la regla general ahora, sobre todo en estos tiempos está referido a un "martirio psicológico" o "martirio espiritual" del cual se soporta sufrimientos mentales, y sistemáticos, en favor de la defensa de la fe, ser “mártires” son actos humanos, que pretende justificar la doctrina de la ortodoxia o la tradición, como signo de amor (caridad) hacia Dios, pues ya se dice en Mateo 15:13: “Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos” (teofilia). Jesús estando en el huerto de Getsemaní, oraba con devoción sudando sangre, la misma que exaltaba los mártires de la Iglesia (véase, San Agustín, Comentario sobre el salmo 140).

Dice Tertuliano en “Apologética” la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia, lo mismo Pedro Crisologo (véase Sermón 108) o San Agustín (véase Tratado sobre la Epístola de San Juan, punto 2), estos creyeron que los que morían por la causa de la fe, nacían así ya, lo cual desde el principio estaba destinado a ser germen de la vida de su "cuerpo místico", en su crecimiento hacia el camino a la santidad, por ello que no en vano exijan justicia, pero benigna en cuanto a su derramamiento de esa Sangre, del cual fortaleza máxima, coraje, tuvieron de dolor pero sobre todo de “sufrimiento” del cual sirvió para ser testigos de las obras de Dios y su edificación. Tengamos claro, que nadie sabe quién va a sufrir a voluntad propia u “obligada”, ya que todas las eras, tiempos, horas, minutos son momentos de “martirio” no solo físico, sino también psicológico, almática, vemos persecuciones a diario a causa de nuestra creencias, es más, ya con el hecho de reputarte “piadoso” padeces injurias, afrentas de los hombres o de los espíritus inmundos.

Tener fuerza de mente, de las emociones y por tanto fortalecimiento de alma conlleva ser un mártir esto, porque significa soportar, resistir a las adversidades, dificultades, batallas, pasiones, es una renuncia a sí mismo, es colocar la coraza de la magnanimidad de los justos (megalopsychia) no que viene de sus propias fuerzas, sino de Dios, que las complementa con toda "misercordia", ese poquita, hace más que la fuerza de voluntad requerida por ti, listo para batallar, hacerte violencia al cuerpo, debilitar la carne, y elevar el espíritu con la practica de los sacramentos, con la oración continua y así veras, que es ser “fuerte”, es así como la “Santísima Trinidad” nos transmite su poder, Cristo, en que todo lo puedo, la “scientia crucis”, la cual lleva molestias, cargas (in preferendis molestiis) en carne, cuerpo, espíritu, animosidad en los actos continuos, perseverantes inexpugnables.

Es la tristeza, pereza, pero en este enfoque la acedia, y la tibieza, el mal que aqueja dentro de la Iglesia como comején que carcome el “katéjon” y que tiende a removerse poco a poco, con la doctrina y el depósito de la fe, por eso es que la "fortaleza", sea una virtud requerida para estos tiempos, necesaria para el combate de los últimos días, contra estas asechanzas que nos está atacando desde varios flancos interna-externamente (sobre todo desde adentro -inside-), con tal de "soportar" y "resistir", pero también atacar, -santamente- no como lo hacen los impíos, pero si en sintonía a una defensa santa, en cuanto al valor que conlleva la “parresia” (libertad o franqueza para hablar o decir las cosas a rajatablas), siendo prudente, sabio y paciente en sus acciones, sin tristeza, ni pereza, ni acedia o pusilanimidad, cobardía, timidez, impavidez, quietismo se consigue, sino con energía, esencia, poniendo los movimientos y potencias del alma hasta su último nivel, es de allí que se hable de la “ira moderada” o “justificada”, seguida de la razón inteligente, debido a que no significa “temeridad” y no evitar los peligros, sino como ya se dice en Lucas 21:19: “Con su perseverancia [paciencia[ salvarán sus almas”.

8 de septiembre de 2024

LA GRACIA DE LA PERSEVERANCIA: ¡EL QUE PERSEVERA SE SALVA!


“El que reza se salva, y el que no reza se condena”
San Alfonso

“Serán odiados por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará”
Mateo 10:22

“Pongan cuidado en que nadie se vea privado de la gracia de Dios”
Hebreos 12:15

Mario Felipe Daza Pérez

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La contra al pecado es la perseverancia, por tanto, lo que importa es el esfuerzo, no la acción en sí misma, ni su resultado. Todos hablamos de tener una “disciplina” pero nos olvidamos que este concepto no solo aplica para los aspectos físicos, biológicos, sino también del orden, del espíritu, y por tanto del alma. Nadie puede decirse que es “disciplinado” si descuida otro aspecto que la contiene, podemos ser concentrados en la lectura, juiciosos en las conductas, cumplidor en los horarios, pero per se, esto no conlleva a una perseverancia (proskarteresis), del cual es la obra de un "disciplinarismo” lo mismo pasa cuando “oramos sin cesar”, ya que al hacer "oraciones inconstantes" no nos permite tener una vida llena, en santidad, y mucho menos que nos deja alcanzar la "gracia santificante", que verdaderamente es un regalo del don de Dios, es una forma de decirnos que nos ama muchísimo —bondad— (véase el Concilio de Trento, sesión 6, cap. 13).

La oración es una necesidad imperiosa para conseguir la “perseverancia final”, es un error creer que se consigue por sí mismo (pelagianismo o jansenismo), ya que la verdadera sabiduría consiste en copiar pero la “ciencia de los santos”, que es la verdadera, no la profana, entiéndase que los “hombres buenos” no se salvan, sino está vivificando su alma a la santidad, lo que se necesita es por tanto esforzarnos para conseguir una “vida” en “santidad”, no presuntamente como lo suponen los “protestantes” (fideísmo), esto quiere decir que sin las “obras” y la “gracia” de Dios, es imposible salvarse (cooperativismo), ya que esto hace parte de su “sistema disciplinario divino”, o de su “justicia”, que es distributiva, en el sentido que se necesita de la obra de la Santisima Trinidad, pero también de la "voluntad" del "hombre", en lo que se traduce de su esmero por querer estar con Él, de allí que San Alfonso, nos diga que la “oración” es el medio más seguro para alcanzar nuestra salvación, y practicarla conlleva muchos beneficios, a veces misteriosos (mistagógicos), pero entre ellos la "iluminación" y la "conservación" de la permanencia en la fe.

De hecho, desde la ciencia, al nivel neurocientífico está demostrado que las “habilidades no cognitivas” como la motivación, el esfuerzo, etc, en este caso sería el rezar, son importantes para adquirir algún tipo de inteligencia, por lo menos para dejar de ser necios del cual en muchos casos puede estar condicionado desde el punto de vista material en la genética, epigenética, como en el entorno de las cosas o el ambiente de con quién te rodeas (buenas o malas amistades) lo que significa no adquirir o no un buen resultado dentro de la "eficacia en la oración". Por otro lado, neurotransmisores como la “serotonina”, promueven la “perseverancia” en el deseo de seguir esa contemplación en aras de recibir una recompensa, frente a la “salvación” del cristiano, que es lo que nos interesa (véase, Lottem, E., Banerjee, D., Vertechi, P. et al. Activation of serotonin neurons promotes active persistence in a probabilistic foraging task. Nat Commun, 2018).

El “voluntarismo”, el "libre albedrío" o el “sentido de la cooperación” se consigue con el rezo y la súplica, y su obtención se suma al de los distintos medios para recibir la “gracia permanente”, como lo son la penitencia, el ayuno, la mortificación, etc, según nuestra medida, por ello que San Alfonso diga nuevamente que la “perseverancia final” solo se mantiene con la “oración sin cesar”. Ahora, una vez seas un hombre nuevo, convertido, esta acción no puede parar hasta nuestra “muerte corporal” (ya que es la materia la que lleva el "vicio original"), recordemos que nuestra "esencia natural" es estar inclinados al mal, —antropológicamente hablando— la “concupiscencia” nos persigue, y por tanto el acecho de los “malos” deseos, no solo de los demonios, sino de la carne y el mundo, toca vencerlos, visible e invisiblemente (pensamientos, obras, acciones, omisiones), lo que Evagrio Póntico llama como "logismoi".

Como hemos descrito en varios escritos a lo largo de lo que anunciamos en este Blog, tenemos que la “justicia de Dios" tiene muchas características, y una de ellas es su perfección, del cual conlleva a su vez una “misericordia” pero a su manera, no a la nuestra, por tanto, esto significa, que la vida del ser humano sobre la tierra, mientras vivamos (homo viator) es lucha (Job 7:1), y para poder ganar toca combatir sin parar, según las leyes espirituales y de la física (cuadro general administrativo), tal vez organizando, y ordenando según los requerimientos mínimos expedidos por la Santísima Trinidad desde que nacemos, nos bautizamos y practicamos los "sacramentos", y es así como se van ganando batallas, hasta conseguir la victoria de la guerra última, pero solo se hace a través de la “oración”, de esta manera el “rezo” es el arma más mortífera contra todo mal, sin ella no tendremos la “perseverancia final” ni el de la “salvación”.

Debemos tener claro de que Dios escudriña los corazones de todos, y sabe de nuestras necesidades, pues de nada sirve estar pidiendo cosas materiales cuando le solicitamos bienes en situaciones inoportunas, que Él además ya sabe que requieres, por tanto, se sublime y pídele “bienes espirituales”, que lo demás viene por añadidura, si quieres que algo que se te conceda ruega más bien por tu hermano, o por otros, que esto dentro del “sistema de humildad” (pegatina) te concederá incluso más de la cuenta. Lo que nosotros queremos más bien son menudencias pero de su misericordia para poder alcanzar la eternidad. Así mismo como el cuerpo necesita de la nutrición, del ejercicio físico para robustecerse, el alma necesita de la oración como alimento para la gracia, no puede uno quedar sin lo otro, son un complemento para el final.

Con la "gracia de la perseverancia de la oración" y por tanto de la "fe-final", conseguimos coronas que Dios nos tiene guardada, para cuando suceda la “muerte corporal”, y esto logros se obtienen con la “práctica de las virtudes”, la obediencia y la humildad (obras) todo esto nos lleva en ese “sendero de la ascesis”, de lo que significa "salvarnos". Nadie puede estar más allá sin la “gracia”, y ya que si no pedimos una gracia esta deja de ser extraordinaria para conservar esa "plenitud perfecta", la idea es volvernos "musculosos" en el "gimnasio almático", en comunión con Dios, dentro de la vida sacramental, tomando “suplementos divinos”, como la eucaristía, haciendo descargas como la “confesión”, todo ello contribuye a tener una gran "complexión celestial", de este modo, el ejercicio corporal es útil, pero mayormente eficaz lo será el "rezo permanente" (hagamos la "Oración de Jesus" o "noética"), ya que el “ministerio de la piedad” está por encima del cuidado de lo material.

Dentro de los distintos debates de la “gracia” del cual no entraremos a detallar se dice que la perseverancia más que una “gracia” es un “don”, de hecho, mucho su discute de su “eficacia” de si es “interna” o “externa”, que le llaman: “gratia ab extrinseco efficax” y “gratia ab intrinseco efficax” e inclusive se estudia si existe o no una permanencia temporal o imperfecta, aquí sencillamente lo consideramos de dos (2) tipos, es decir, como un “don natural creado” y otro como “don sobrenatural”, del cual ha tenido sus variaciones a lo largo de la “historia del hombre” (véase, La naturaleza y la gracia" y la "Corrección y la gracia", Cap. X-XII), partiendo que hubo una “corrupción humana” —antropológicamente hablando—, y que nuestros primeros padres, como toda nuestra “evolución” (en el buen sentido de la palabra) fuimos salvados por amor (bondad infinita), y redención que se surtió en Cristo. Veamos.

  • Gracia increada: Que es la que tiene Dios mismo por su naturaleza
  • Gracia creada sobrenatural (antes de la caída): Los que tuvieron nuestros primeros padres y que fue concedida incipientemente, pero luego perdida a falta de la perseverancia de sus acciones y pensamientos.
  • Gracia creada permanente natural ordinaria (habitual): Después de la caída, es la que nos corresponde pedir, suplicar, llamada “gracia de liberación” por San Agustín y dice el Padre de la Iglesia que es más fuerte que la primera característica adámica, porque se requiere de “esfuerzo”, de una “cooperación” (voluntarismo) y además de un “auxilio divino” que es determinante (predestinación).
  • Gracia creada permanente natural extraordinaria (es la que otorga Dios permanentemente): del cual deriva también de una “corrección” de lo “desordenado” (facultades del alma) por el cual debe acompañarse de la oración, súplica o plegaria incesante, con rezos incansables, por tanto, es esta una “gracia corredentora” extendida por Cristo a sus amigos, hermanos (teofilia) —hijos de Dios— hasta el final de nuestras vidas (sin conocimiento previo, por ser aun un misterio)

Expresa San Agustín en su texto el “Don de la perseverancia”, en el capítulo XIII:

“Más, puesto que aquí tratamos del don de la perseverancia, ¿por qué Dios presta su ayuda a un no bautizado que va a morir, a fin de que no muera sin el bautismo, ya un bautizado que va a caer en pecado no se le socorre, para que muera antes de caer? A no ser que tengamos que escuchar de nuevo la absurda respuesta de que nada aprovecha el morir antes de caer, porque hemos de ser juzgados en conformidad con aquellos actos que la presciencia divina prevé que haríamos si viviésemos. ¿Quién podrá oír esta perversidad tan contraria a la santa fe? ¿Quién lo aguantará? Y, sin embargo, esto se ven precisados a decir los que no confiesan que la gracia de Dios no se da según nuestros méritos. Los que, por el contrario, la rechazan en vista de su absurdidad y manifiesta falsedad, no les queda otro remedio que condenar lo que la Iglesia condenó en los pelagianos e hizo que el mismo Pelagio condenara, a saber: la gracia de Dios no se nos da en consecuencia de nuestros méritos, pues todos los días están viendo que entre los niños, unos mueren sin ser regenerados por el bautismo y son condenados a muerte eterna, y otros, después de ser regenerados, salen de esta vida para la eterna; que entre los regenerados adultos, unos perseveran hasta el fin, otros continúan viviendo y llegan a caer, los que ciertamente no caerían si hubiesen sido librados de esta vida antes de caer; y, por fin, que algunos que han caído en pecado, se les prolonga la vida hasta que se arrepienten, los cuales en verdad perecerían si hubiesen muerto antes de arrepentirse”.

Si nos vamos a los ejemplos, frente a lo comentado, podemos decir que en materia de “pureza” es muy difícil conservarse más aún cuando venimos de ese mundo de esclavitud lujurioso, ya que por nuestras mismas fuerzas no vamos a poder salir del fango, por ello que se necesite de la “gracia permanente” para no caer. Léase bien, es imposible mantenerse sin oración y huida (ocasión de pecado), y esto sucede así según el "sistema" para que se busque de Dios en su "misericordia". No he escuchado a nadie que no sea impuro y no tenga comunión con Dios, ni siquiera los impíos paganos, o heréticos, todos necesitan de salvación divina, sobre todo, cuando se trata de la concupiscencia carnal, o, sino que no los diga San Agustín, o aquellos grandes Santos que fueron terribles pecadores, pensemos también en el propio San Pablo, Santa Maria Magdalena, etc. En suma, la “castidad”, pero primero la “continencia” nos da lugar a mantenernos en la “gracia santificante”, y esto conlleva a la imperiosa necesidad de zigzaguear estos tipos de faltas, por tanto, la cuestión no es “rezar por rezar”, sino hacerlo bien, devotamente, para poder salir victorioso de estos ataques.

Dentro de la “gracia de la perseverancia” Dios permite su consecución de un “todo para todos”, esto lo hace para puedas valerte no solo de Él sino también de los hombres, de las almas, de los ángeles, etc, como medio para alcanzar este fin, dentro de lo que significa su “sistema de humildad”, esto quiere decir que la intercesión de José, Maria, y de los santos de nuestra devoción son importantes, ya que Él mismo lo autoriza para su “delegación”, que muchas veces son muy poderosas, debido a ese alcance que otros no tienen, como de nosotros mismos, a causa de nuestra fealdad del alma o de impureza, por tanto, tenemos que ser amigos no solo en la tierra de los que pueden orar por nosotros, sino también de los que están en el cielo, ya que nos ayudarán si le pedimos su intercesión, son seres miembros de la “justicia” que ha sido permeada como distributiva, conmutativa, cualitativa y del cual está inmerso en un “sistema administrativo" (disciplinarismo divino) que es delegado y desconcentrado, esto hace parte de lo que Aristóteles podría llamar las “causas segundas”.

Cuando pedimos por las almas de los purgantes, o de los santos se da un beneficio de "doble partida", rezo por ellas, y ellas por nosotros, para que exista una eficacia unida de la oración, el "estado de purificación" (escala de peajes o de aduanas, le llaman los "ortodoxos") esto permitirá hacer del rezo más devotamente, ya que las necesitan si o si, y por tanto el llamado es no estar distraídos en las cosas mundanas o de lo material para poder "cooperar" seamos testimonios  de ello, esto se evidencia no solo con ejemplos que nos trae San Alfonso, Santo Tomas, sino también con un centenar de santas como Catalina de Bolonia (hasta experiencias personales), ya que este componente tiene una "justificación desmanchadora", ya que todos los “salvados” hacemos parte de la misma Iglesia, el cuerpo místico que la compone (como la triunfante o la militante), es la esposa de Dios y debe ser "puro", es decir nuestras almas le pertenecen, esto, debido a un orden jerárquico que ordenado y estructurado, de allí, que pidamos dentro de la obediencia y la humildad la intercesión de los más aventajados, y esto se basa en una sola cualidad única, como lo es el entramado de la “scientia amoris”, es decir, de la caridad (bondad).

Dentro del orden establecido, y su belleza (pulchrum), el “disciplinarismo divino”, podemos decir que según el mérito establecido por el santo o los santos, será merecedor de la gracia en específico, según a quién, cómo, cuándo, y que recemos, todo ello influye, como el estado de las cosas, de la situación en concreto, las variables por tanto, son misteriosas, lo que sí es cierto es que no todo es igual, existe por tanto una desigualdad no formal, sino material de las “gracias” del cual será distinguido para cada persona, de este modo, no es lo mismo pedir a un santo X por algún asunto que no hizo ni en vida, que a la Madre de Dios, que está “llena de gracias” y del que se permite ser la dispensadora de las obras de Dios, por “delegatio”, siendo en primera medida Jesucristo el mediador de la Justicia, dice San Alfonso, que podemos acercarnos aún más con Maria, ya que tiene una “poderosa intercesión”, y del cual debemos recurrir a ella más que todo por ser "pecadores innatos e impuros", y no ser merecedores de nada, por ser simples gusanillos.

Existe algo que descuidamos casi siempre y es la ayuda de nuestro "ángel de la guarda", que siempre está ahí listo para socorrernos, y es muy útil su intervención porque es quien lleva nuestras oraciones/súplicas ante Dios para que sean escuchadas, ante el “Sol de la Justicia”, y esto se puede conseguir con la “fuerza de la oración”, más de lo que puede hacer todo el infierno junto, ya que las oraciones tienen el poder necesario para que todos los demonios perezcan, porque a pesar de tener aún condiciones carnales, tenemos a su vez una intimidad única con Dios que nadie puede interferir ni siquiera los ángeles, cuando la súplica/rezo se hace correctamente, y según la devoción debida, como lo dice el Anciano ortodoxo serbio Thaddeus Vitónica, "En el mundo espiritual, los pensamientos se entienden de la misma manera que las palabras. Son audibles. Por lo tanto, el trabajo en tu alma es más valioso que cualquier regalo en este mundo".

Juan Crisóstomo (véase, “Homilías sobre Juan”) dice que la oración es una arma de destrucción y de alcance de la gracia sobre todo de la “perseverancia final” y es importante debido a que no hay cosa que pueda más que el rezo, salva asi estés manchado de miles de pecados, pero la condición está en que seas devoto, de la súplica, por tanto, pide con confianza, sin titubeo, se humilde, etc, pidamos entonces “sabiduría divina”, entendimiento, ciencia..., ya decía en este ocasión San Alfonso, la “gracia de la salvación no es una sola gracia, sino una cadena de gracias y todas ellas forman el don de la perseverancia” del ser posible hacerlo una vez la actives (mode on) con el bautismo (formalmente hablando, en su condición) hasta el final de nuestras vidas no debes parar, para que así luego podamos así entrar al Reino de los Cielos (bienaventurados). Veamos los "elementos" que concede el “orar sin cesar” según el Padre de la Iglesia de Oriente:

  • Elemento de poder: Porque vence todos los ataques del maligno y sus influencias
  • Elemento de defensa: Porque nos protege de todos los males
  • Elemento de resguardo: Porque nos salva de todas las asechanzas y aflicciones
  • Elemento de riqueza: Porque posee todos los bienes espirituales (dones, gracias, etc)

Aquí es muy pertinente destacar dos (2) cosas, por ello que aquí escribamos/hablemos de la “gracia de la perseverancia” (en sentido general) que en sí mismo lo reconocemos como un “don”, es decir, un regalo divino, pero haciendo la distinción en que la “gracia de la fe” (ordinaria) por ser una virtud teologal puede ser entregada por el Señor en cualquier momento (es como una pruebita de amor) hacia la conversión del pecador, o sus “conversiones permanentes” (extraordinaria), que es el que se da en la “perseverancia” pero que es distinto a la "final", ya que se trata de otra gracia, que es continua y que también se debe pedir diferente a la primera, esto, para no caer según lo ya construido espiritualmente, por ende que debamos llamarlo incluso hasta imprudentemente (importunidades) para no desfallecer en nuestros "esfuerzos", mas aún cuando creamos que no es necesario (debemos atosigarlo) su “intervención”, es más, ese el mejor momento para "molestarlo" ya que le gusta que le busques todo el tiempo, y de allí que venga la “salvación”, y así responderá mejor y más rápido a nuestro llamado.

Cuando le pedimos a Dios cosas mundanas, como riquezas, cuando ya tienes lo suficiente estás siendo un vil y cobarde, además de ser una afrenta para Él te llenas de necedad, porque pudiendo pedir bienes espirituales, lo grande, sublime, no lo haces, esto es perder tiempo, vida, deseos, cuando hipotéticamente un gobernante te dice que te da lo que quieras, es como si solicitaras "migajas", que no son ni siquiera de utilidad para el alma, que es lo más importante, que es inmortal y lo que se va a salvar, no lo carnal, que es perecedero y mortal, se vuelve polvo y ceniza, ¿Por qué no entonces pedir sabiduría más que todas las riquezas del mundo? ¿Qué vas hacer con ellas después que mueras?, mientras que la primera se mantiene en el alma cuando perezcas materialmente, abrimos a su vez con esto el “arca de los tesoros divinos”, tal cual como dice Juan Crisóstomo en sus "elementos", del que se complementa con la “gracia completa” y "perseverante" que hemos destacado, para no volvernos tibios o apocados, sino siempre necesitar de la "teofilia" y de sus "beneficios".

¿De qué nos sirve tanto leer si no aplicamos? El teólogo que no reza no sirve para nada ya que es con la oración como/cuándo/donde conseguiremos esa "perseverancia" no solo en la fe, sino en lo que hacemos, como lo es la práctica de las virtudes y el suplicar, todo inmerso dentro de lo que es nuestra vida cotidiana, y esto es lo que nos da la fuerza para seguir, porque su fortaleza viene de arriba no de nosotros, es que ni los demonios mismos pueden impedirlo, por no ser de su competencia, tengamos por tanto una disciplina no solo para el cuerpo, sino que con más ahincó para el alma, ya que los “ejercicios espirituales” son útiles para todo momento, hermanos, tengamos horarios para la lectura, la meditación, contemplación, pero también para la oración permanente, por tanto, este "sistema" hace que hablemos de una sola “piedad”, eso si, sin descuidar lo demás, ya dice el ortodoxo griego laico, Tito Colliander en su texto el “Camino a la ascesis”: “El ayuno, la obediencia, la templanza, las vigilias y la oración forman parte de un solo esfuerzo espiritual; de hecho, constituyen un solo esfuerzo", siempre con un esmero pero sin “exageración” (vanagloria) con el solo fin de ganar la “gracia del Espíritu santo” como diría San Serafín de Sarov.

Si usted cree hermano que le falta algo, rece, y si esta vacío tambien, alguna iluminación vendrá de arriba para aclararle la duda, ante las aflicciones, no existe mejor consolación que hacer cientos de jaculatorias, se repetitivo, persistente hasta que se alivie el alma, que así llegue a espantar las obras malignas. Orar sin cesar, no solo es un regalo divino, sino también un don de Dios que no has concedido gratuitamente, y por tanto dalo tú también a conocer de sus bondades a otros pero de forma generosa, y caritativa, con amor se consigue todo, para estos aspectos Santo Tomas de Aquino dice que para alcanzar este propósito ya sea particular o general, se debe "saber pedir", por tanto, rezar, entre ellos, "suplica" es solicitar para uno o para otros, todo dentro del “ministerio de piedad” y para que sea útil dichas prácticas digno de nuestra salvación, no puede ser vanas, sino mencionadas con “perseverancia” (disciplina espiritual).

En estos contornos resulta importante una “eficacia de la oración” que en estos aspectos son más duchos los padres orientales y monjes, como los latinos y ortodoxos, pero que en esta ocasión no entraremos a detallar sólo diremos, que se necesita tener no solo la “gracia ordinaria” (habitual), que podemos pedir por nuestra naturaleza, sino de la que viene de Dios, que es la “extraordinaria” (de la salvación) para que nos cobija de las condiciones que nos ha expresado Juan Crisóstomo, ya sea como una arma y) poderosa, ii) defensiva, iii) resguardo y iv) riqueza, téngalo claro y lo podemos decir por “experiencia propia”, que si más pides por tus hermanos/as mayormente te escucharan tus plegarias, olvídate de ti, sé caritativo y piensa en los demás, ponte a ti de último y veras como serás “escuchado”.

Muchos dirán que piden para tener algunos bienes y salud permanente pero no se les da, esto puede deberse a varias condiciones, una de ellas es porque no le conviene a ese sujeto, debido a que se volverá soberbio, tibio, o se perderá, Dios conoce y escudriña todas nuestras almas y lo sabe todo, así que no nos desviemos de su santa decisión, digamos como expresa en Proverbios 30:7-9: “¡Dos cosas te pido, Dios mío, no me las niegues hasta el día de mi muerte: aleja de mí la falsedad y la mentira, no me des ni pobreza ni riqueza. Dame sólo mi ración de pan. Porque con la abundancia podría dejarte y decir: "¿Pero, ¿Quién es Yahvé?" Y en la miseria podría ponerme a robar: ¡lo que sería deshonrar el nombre de mi Dios!”, por eso, tengamos de presente que cuando solicitemos bienes materiales que lo sean sólo para nuestra utilidad, o alguna inversión esencial, para el prójimo, pero lo más importante para su gloria, no para nuestros propósitos vanos.

Cuando Dios no nos conceden alguna cosa terrenal no quiere decir que no nos escuche, sino que a veces no es el momento, es perjudicial, etc, y debemos respetar su "sabias decisiones", por otra parte sucede que cuando somos atacados constantemente por las acciones ordinarias/extraordinarias del maligno, por ejemplo, entre ellas, las más común, la tentación, debemos permitir su consecución y pedir protección para su no consentimiento ni consumación, y eso es lo que necesitamos obtener de la "gracia", con tal de repeler todos los ataques con la armadura que nos da Dios que nos habla en Efesios 6 (espada de doble filo), tal cual como le dijo a San Pablo el Señor, frente a sus adversidades: “Te basta mi gracia” (véase 2 Corintios 12:9), así que lucha hermano/a, dale duro con el sable de la palabra, de la oración, de las ascesis, por tanto, hazte puro y la santidad te vendrá, ejercita la "continencia", fortalece la debilidad del cuerpo y eleva el espíritu con el fin de la "theosis", siendo servidores sencillos, modestos, amorosos, mansos, humildes, cuando pase esto, podemos decir será difícil que caigamos ante un pecado, y si sucede se deberá por nuestra faltas de obediencia/humildad, ya que todo vicio por lo general es “soberbia”.

Dice un sabio pasaje, en Salmo 127:1, “Si el Señor no es quien edifica la casa en vano trabajan sus constructores”, por tanto, hay maneras de apartarse temporalmente de la lujuria, de la pornografía, masturbación, —humanamente hablando—, pero esto no es lo ideal, ya que no se cuenta como victoria, porque para que lo sea debe venir de la “gracia de Dios” (esto es, para que sea permanente), y por tanto debes pedirlo con “humildad”, por el santo temor, por el don de la fortaleza, que no tuvo San Pedro cuando lo negó tres (3) veces, o de Judas Iscariote cuando lo traicionó, no nos engañemos nosotros mismos hermanos, nada podemos por nuestro intelecto (nous), es por ayuda, y auxilio divino que se consigue vencer los vicios, es con la oración que podemos vencer todo mal hasta el final, recuerda que somos simple gusanillos, mero polvo y ceniza, si, contamos con cierta voluntad pero para pecar, y no tanto para liberarnos, en este escenario el que persevera es el que reza, y por último es en la fe donde/cuando/como se alcanza todas las virtudes, dones, carismas, y gracias, para salvarse, incluyendo los más difíciles y constantes.

De nada nos sirve pedir "gracias", "dones" o "carismas" sobrenaturales, si nos vamos a perder en la soberbia, en el orgullo, en la terquedad, necedad, o en el vicio de la vanagloria, en estos casos, es más perfecto el que se vuelve santo con las más simples virtudes que con "regalos divinos", ya que así en la simpleza, ejercitas tu “espíritu” sin “vanidad”, —difícilmente— llegando a la “santidad” con mayor valor, te vuelves un ser esplendoroso, magnificente, hecho de aquel "cincel esmerado" que no teniendo "dones" más allá de los naturales, llega a conseguir esta pureza de pensamientos, obras y corazon para la salvación. No nos dejemos engañar, ni caigamos en el error, pidamos/supliquemos los grados máximos de santidad para el alma, no de los bienes temporales que son perecederos, si es necesario Dios no los da (no nos preocupemos por ellos), solicitamos todo pero con humildad, invoquemos su santo nombre con devoción, sin escatimar nada, sin titubeo, cuando hagamos una propuesta de amor a cierta persona, no lo ejecutemos con tibieza, sino con amor, dedicación, y ganas.

Necesitamos de una Iglesia, entendida esta ultima como un todo, un “cuerpo místico” integrado que ora sin cesar, que no se permite la "tomadera de pelo" (mamadera de gallo), al menos no fácilmente, no dejemos que se remueva el “katejon” [katechon], recordemos que la “impenitencia final” (obstinación) es un pecado que es imperdonable (en contra del Espíritu Santo), esto significa el no querer salir del "estado del pecado", de la esclavitud, de la ignorancia, pudiendo todo el tiempo hacerlo (error vencible o con dolo), de acuerdo a nuestro “rol” de cooperador de la gracia (coredención), ya que este se consigue gradualmente, ya sea pidiendo, pero ante todo con la devoción a la “oración”, pero tambien por otros medios como lo es la "práctica de los sacramentos", pero ex ante, con el bautismo, la confirmación, la frecuente eucaristía, la confesión, etc, debemos luchar, devotamente para salir de la "estupidez" hasta al fin de nuestras vidas, del cual debe coincidir exactamente hasta el último minuto, en una “coexistencia de salvación”, entendamos que la libertad propia del humano es caída a pecar (concupiscencia), y es esto lo que debemos atacar todo momento.

La gracia y la libertad se complementan, con tal de conseguir una perseverancia final, de allí que la oración sea la clave para conservar esa fe, y obtener por supuesto la gracia extraordinaria, o sobrenatural que se vuelve más allá de lo natural, lo importante es tener la suficiente gracia para conseguir la eficacia de la misma, y por supuesto para no ser vencidos por el enemigo, debemos pedir constantemente al Señor y no desfallecer en nuestro esfuerzo (cooperación) esmerado en la oración, pidamos entonces resistencia y lucha en el "camino ascético” en lo que se refiere a esos combates diarios, solicitemos su intervención a todas horas, minutos..., así que les insto a armar una “disciplinaria espiritual” de rezo, para obtener así la gracia de la oración y de la perseverancia hasta el "final" de nuestra mortalidad, sepamos usar sabiamente los dones de Dios, los directos, e indirectos y todos aquellos que nos sean necesarios para la “corona” de la “salvación” dentro de la virtud teologal de la “esperanza”, no lo defraudemos. 

En resumen, la “gracia de la perseverancia”, para estos aspectos, es aquel que coincide al momento de la muerte con el estado permanente de nuestra condición de “fe” con el de la oración, es por tanto un “don” concedido por Dios, y un regalo a los seres racionales en vías a conseguir la “vida eterna”, por ello que esta sea tomada no solo por los hombres antes o después de la caída, sino también por los mismos ángeles, debido a que estos “entes” visibles o invisibles ante el ojo material hace que compartimos una comunicación beatífica de lenguaje infuso, del cual nos relaciona en cuanto a las facultades y potencias del alma, del que comienzan a emerger formalmente a partir del bautismo (excepcionalmente ex-ante) lo que permite a su vez la "teofilia" (amistad con la Trinidad) y esto conseguirá ser por supuesto herederos o ciudadanos del Reino de Dios y templos del Espíritu Santo, sobre todo cuando hacemos de la "práctica ascetica-hesicasta" su “materialización”.

La gracia (la "interna" más que todo) acompañada de esta "perseverancia" (en sentido general) hace que el "justo", sea si por sí templo del Espíritu Santo, del cual el alma de Cristo, viene en comunión con el alma del sujeto, creando una “theosis” o "deificación", según el grado concedido, que podría ser diferente en cada persona, según lo impregnado. Al ser esta una virtud teologal, el pecado en este sentido hace perder ese regalo, pero no siempre, porque puede que de él se saque provecho para avanzar, aunque se esté en una condenación formal, la cuestión se da en dejar caer su “estado de gracia” (que muchas veces no se da enseguida) a pesar de las caídas, ya que lo que importa en la "vida del santo" son las “levantadas” es decir, el esfuerzo que hace el que se "esfuerza”, para no claudicar en el vicio, siendo que la mejor forma de saber (aun sin ser ciencia cierta) es por medio de las obras, pero muchas veces no sabemos esta condición (meros indicios), a menos que se nos revele, y es mejor para nuestro bien no conocerla.

Para el monje egipcio Evagrio Póntico, es claro en manifestar que no está prescrito realizar una "ascesis" en nuestras vidas, pero como dice Isaac Nínive, son estas mortificaciones las que nos llevan a la "santidad", y a ahora súmele una devoción del "orar sin cesar" (practiquemos la oración noética), que, si es un mandato. En sus discursos contra los pensamientos del demonio entre ellos el de la tristeza, pero sobre todo para el de la acedia (que es el más peligroso en estos momentos para religiosos y laicos), dice que la "perseverancia", deberá conocerse por los "frutos del conocimiento de la verdad", es esta disciplina la que hace que nos distraigamos mucho o en nada, ya sea cuando pensemos en cosas mundanas, o cuando los demonios nos muestran luces raras, ruidos extraños, etc, en todo caso debemos seguir al pie de la letra la "obediencia", rezar, y no prestar atención a lo exterior sino a nuestro "esfuerzo" por conseguir la "gracia", ya dice San Basilio el Grande, “los pecadores consiguen lo que quieren si oran con perseverancia”, ya que su concesión está dada no en la justicia en estricto sentido sino en su “bondad”, amor puro (caridad).

Dice nuevamente San Agustín en “La naturaleza y las gracias”, Cap. XXXI:

“Sin duda, también nosotros ponemos nuestro esfuerzo, más cooperamos a la obra de Dios, cuya misericordia nos previene. Él se anticipa a nosotros para operar nuestra salud y nos acompaña y sigue para que después de nuestra curación tomemos mayores fuerzas. Él se adelanta a llamarnos y nos sigue ayudándonos para que consigamos la gloria. Él nos previene con su gracia, inclinándonos a la vida piadosa; nos sigue para que vivamos con Él siempre, porque sin su ayuda nada podemos realizar”.

Está demostrado que la “perseverancia de los justos”, se logra mediante la cooperación de la voluntad humana sumada a la gracia, y esta se da en la contienda, y por tanto en si es predestinada o regenerada en la transliteración es ser un "hombre nuevo" en Cristo, ya que al ser morada el "alma" y "cuerpo" del Espíritu Santo, se seguirá persistiendo en el combate hasta el último de nuestros días, ya decía Plutarco “el agua que cae seguidamente, desgasta las rocas más duras y las ahueca”, lo único que no sirve es por tanto "perseverar" pero en el "error", esto lo decía Cicerón, ya que si analizamos, todo se compone de la misma "sustancia", y muy poco del talento, sino de la "disciplina", dice San Pablo en Romanos 12:12, “regocijándose con la esperanza, seamos pacientes en la tribulación, pero sobre todo perseverantes en la oración”. De allí que San Agustín dijera que a través del “bautismo”, se concibiera una “fe formal”, y con ello se permitiera al menos una propensión al “don de la perseverancia” (“donum perseverantiae”) y una vez se vuelve “materializada”, difícilmente caeremos nuevamente en el pecado sistemático y mucho menos que en el vicio y todo ello "gracias a Dios" y su "sistema administrativo-disciplinario divino-humano": de justicia, misericordia y piedad.